Hoy vamos a jugar a un juego. Tenemos tres puertas, detrás de dos de ellas hay una cabra y tras la tercera el premio que se esconde es un maravilloso coche. Lo primero que tienes que hacer es elegir una de las tres puertas y justo a continuación yo abriré una de las dos puertas que no has elegido y tras la que se esconde una de las cabras.
Ahora … ¿Quieres cambiar la puerta que has elegido por la otra puerta cerrada?
Aunque la respuesta puede parecer obvia por favor, no respondas ahora … y tampoco lo hagas después de la publicidad … primero prueba a jugar unas cuantas veces a la versión online de este juego y después de esto comprueba si tu intuición era correcta o no.
Efectivamente, la mejor estrategia es siempre cambiar de puerta. La explicación estadística es que si no cambiamos, sólo acertaremos en el caso de que nuestra elección inicial fuese correcta, es decir 1 de cada 3 veces. Sin embargo si cambiamos estaremos eligiendo la puerta del coche siempre y cuando en nuestra puerta original hubiese una cabra, es decir 2 de cada 3 veces. El hecho de que el presentador abra una puerta después de nuestra elección y siempre abra una puerta tras la que hay una cabra causa una circunstancia que provoca que nuestra intuición nos engañe: Tenemos que elegir entre dos puertas, pero las probabilidades de acertar con una son 2/3 mientras que con la otra es sólamente 1/3.
Muchas veces encontramos paradojas de este tipo en las que el más básico sentido común parece jugar en nuestra contra, pero sólo depende de nosotros estar abiertos a enfrentarnos a nuestro propio sentido común tras un análisis que nos demuestre que no es tan dificil que hayamos estados equivocados toda nuestra vida.
Via | New York Times
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